Ante la caída en las ventas de coches eléctricos y la amenaza de fuertes sanciones por no cumplir con las nuevas regulaciones de emisiones, la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) busca revisar los límites de emisiones establecidos para 2025.

La ACEA, que agrupa los principales fabricantes de automóviles europeos, salvo Stellantis, que abandono ACEA precisamente porque estar en desacuerdo con las peticiones del resto de los integrantes en materia de emisiones contaminantes, ha solicitado a la Comisión Europea una revisión de la normativa de CO2 para el año 2025. Los miembros de la asociación, justifican la necesidad urgente de esta petición debido a la disminución en la demanda de automóviles eléctricos.
A pesar de sus reservas en cuanto a ciertas regulaciones como la prohibición de la venta de coches nuevos con motor de combustión, la asociación insiste en su apoyo a los objetivos de descarbonización de la UE para 2050 y al acuerdo climático de París.
Los fabricantes argumentan que existen condiciones previas críticas para una producción efectiva y la aceptación de los vehículos eléctricos que aún no se cumplen. Entre las principales se destacan la falta de estaciones de carga y repostaje de hidrógeno, un entorno de producción competitivo, energía verde asequible y segura, incentivos fiscales y de compra, y, finalmente, un suministro fiable de materias primas, tales como hidrógeno y baterías.

El principal obstáculo a corto plazo que enfrentan los fabricantes es la adopción de las nuevas normativas de emisiones previstas para 2025. La ACEA advierte que dada esta situación, hay una visión alarmante de que potencialmente podrían enfrentarse a multas de miles de millones de euros, fondos que podrían ser reutilizados para la transición a vehículos eléctricos.
La ACEA emite una advertencia encubierta: «Las severas multas podrían resultar en recortes innecesarios en la producción, pérdida de empleos y debilitamiento de la cadena europea de suministro y valor«. Este escenario evidencia los desafíos que la industria del automóvil enfrenta al adaptarse a un escenario de sostenibilidad, equilibrando las exigencias ambientales con las necesidades de la industria y sus consumidores.